sábado, 30 de abril de 2011

Ópera

Hola a todos. Tal vez no les he contado que estoy en el coro de la Universidad Nacional de Colombia, y que estamos montando, junto con lo orquesta del conservatorio, y pues algunos cantantes, la ópera "Eugenio Onegin" de Pyotr Illych Tchaikovsky. La obra se presentará entre las primeras semanas de junio de éste año, en el Auditorio León de Greiff, por si alguien quiere ir.


El asunto resulta notablemente emocionante, pese a que mi personaje no tiene nombre ni gran trascendencia. Ni siquiera se diferencia en lo absoluto de muchos otros. A decir verdad no tengo personaje, simplemente soy integrante del coro y uno de los relativamente pocos que saldrán a escena, ¿a quién engaño?


Claro, admito que soy uno de esos con complejo de protagonista. Me gusta llamar la atención y disfruto que se hable de mí; positivamente, claro está. Es por eso que hubiera hecho mi mejor esfuerzo si se hubiera presentado la posibilidad, para ser solista en la ópera. Pero claro, aún no estoy estudiando canto, y aunque lo hiciera los solistas siempre son los mismos, además graduados. Tendría que ser muy sobresaliente como cantante para que me llamen como solista, a estas alturas. Bah, para la próxima ópera lo seré.


Sin embargo estar en el coro está muy bien, y mucho mejor estar entre los que salen a escena. Tampoco es cuestión de sufrir porque sí. Sin duda será una experiencia agradable. La obra es muy buena y he de decir que el estilo musical de Tchaikovsky es soberbio. Realmente vale la pena verla.


Ya saben dónde será y más o menos cuándo se hará. Los que quieran ir pues que vayan.


Es todo por este mes. Que tengan un feliz Mayo.

martes, 26 de abril de 2011

Catarsis

La semana que pasó, sin duda fue muy importante para muchos. Los fieles creyentes, por ejemplo, tuvieron una semana de sacrificio y redención, además del luto por el recuerdo de la muerte de su profeta. Los laicos gozaron de una semana de descanso; muchos no fueron ni a estudiar ni a trabajar. Algunos incluso tuvieron la oportunidad de viajar. Los coristas tuvimos algunos ensayos, pero ese ya es otro tema.

Por otro lado, una fuerte temporada de lluvias volvió a azotar a mi país, provocando inundaciones y desastres que pocas veces se habían visto. Una población sufrió una avalancha y muchos se quedaron sin vivienda (aprovecho este espacio para mandarles apoyo moral a los habitantes de Útica). Tiempos difíciles se están viviendo en mi país.

No obstante, ésta fue para mi una semana de muchos cambios, una gran culminación de un ciclo y el comienzo de otro, tal vez más importante. Una semana que comenzó con una gran fiesta y muchos sucesos importantes. Luego fue un espacio de reflexión y de conocimiento de mí mismo. Terminó con una gran ansiedad,que por suerte pude controlar.

Siento que en mi interior muchas cosas cambiaron, o tal vez muchas se revelaron. Fue una semana que representó una gran catarsis para mí. Un gran eslabón en mi vida.

Indecencia

He de admitir, eso sí, que hay algo para lo cual si no tengo educación: mi manera de ser peatón, o peor, mi manera de ser ciclista.

Con eso sí que soy lo peor. No espero al semáforo, no cruzo por la cebra, ni siquiera me fijo si hay algún policía de tránsito para ser más prudente.

En bicicleta me siento como si estuviera más bien en una moto. Eso sí, cuando no hay andén transitable, porque ando por los carriles vehiculares y no siempre a la orilla de la calle. Incluso he llegado a transitar en vía vehicular, en contravía; y me he cambiado de carril en avenidas transitadas.

La última vez, salía yo de servicio social, más temprano de lo habitual. Como era domingo, llevé la bicicleta. Entonces, llamé a una amiga para preguntarle si me tenía planes. El problema es que mientras hablaba con ella y sostenía el celular con una mano, manejaba y sostenía el manubrio con la otra. Llegó un momento en el que tuve que frenar, y sólo lo hice con una mano y en una posición no muy equilibrada. Además la frenada fue bastante brusca. Así las cosas, perdí todo tipo de equilibrio y me precipité al suelo violentamente, el celular se me escapó de las manos y cayó al suelo desbaratándose por completo (por suerte la pantalla no se rayó).

Las cosas no salieron tan mal, heridas casi no tuve y el celular sigue funcionando. No me sacaron ningún tipo de multa y más bien me ayudaron a incorporarme (verguenza sí me dio). Un señor le dijo a su niño "¿Ves? Por eso te digo que tienbes que montar prudentemente". Ahí la aventura no terminó, mas lo demás fueron sólo vueltitas tontas por la ciudad.

viernes, 22 de abril de 2011

Reproches

Ya ofrecí mis disculpas, ahora pasemos al regaño (como nos dijo una vez un profesor de escritura). ¿Qué pasa, lectores y seguidores de mi blog, que la encuesta tiene sólo ocho respuestas? ¿Se sienten cohibidos al hacer un click en algo que medio los describe? ¡Es sólo un click! La tierra no va a temblar, el mundo no se va a acabar con sólo un click.

Todavía queda tiempo para que muchos votos lleguen, sólo es cuestión de recordar su fecha de nacimiento, relacionarla con una palabrita y hacer ¡UN CLICK!

Es todo por hoy.

jueves, 21 de abril de 2011

Excusas

He fallado. Sabía que alguna vez pasaría. Se supone que no dejaría pasar más de cinco días sin escribir, pero lo hice. Se supone que este mes escribiría ocho entradas, y sólo van tres.

Razones las hay, anque muchos se sientan con la capacidad de llamarlas excusas. Mi casa ha estado, por más o menos dos meses, en demolición para posterior reconstrucción. Desde el viernes no tengo acceso a internet.

Pero he vuelto, la espera no fue tan larga. Estoy dispuesto a desatrasarme, cuésteme el tiempo que me cueste. Es todo por ahora. Y sonrían que ya volví.

jueves, 14 de abril de 2011

Destinos: Resultados de la Primera Encuesta

Gracias a todos los que votaron en mi encuesta. Llegó a ser una considerable cantidad de votos. Pocas cosas me sorprendieron de los resultados de la primera encuesta, he de decir.

De mí, se ha de saber que me siento muy bien viviendo en mi país, y que a pesar de todo, no creo que haya una mejor alternativa. No obstante, en una de esas tantas ocasiones en la que me pongo a pensar en algún tema aleatorio, me pregunté en que si llegara a una situación extrema y me tuviera que ir del país, a dónde me iría. No demoré en llegar a mi propia conclusión.

También llegó un momento en el que me pregunté sobre lo que la otra gente opinaría de este tipo de situación. Fue eso lo que me llevó a crear esta encuesta.

La primera opción sería Chile. Pensé en Chile por ser un país latinoamericano e hispanohablante, además de tener una alta calidad de vida. En principio pensé que tendría más votos, pero después noté que tendría ciertos problemas su gran actividad tectónica. Chile tuvo tres votos, el 10% del total.

Como segunda opción estaba Estados Unidos. Siendo realistas, muchas más personas habrían votado por este país, no obstante me sorprendió que haya tenido más de un voto en total, ya que en principio sonaría más interesa. Es importante señalar que es este el país con mayor índice de inmigración internacional, y con una sociedad multicultural. Estados Unidos tuvo dos votos, el 7% del total.

Luego vino la más sorpresiva de las opciones: Corea del Sur. Obviamente más atractiva que Corea del Norte, pero menos que el resto de las opciones. Duró sin votos mucho tiempo y pensé que nunca tendría el primero, pero lo tuvo. Es más, tuvo el segundo. En cierto momento pensé en la relación de amistad que tienen Colombia y Corea del Sur, además de ese encanto del mundo asiático, pero descarté la posibilidad de votos para ésta opción después del famosísimo terremoto de Japón y su tensionante situación radiactiva. Corea del Sur tuvo 3 votos, el 7% del total.

A continuación vino el más exótico país de todos: Islandia. Personalmente, lo considero un país encantador, además de tener el IDH más alto de toda la lista. Pensé en que esto le daría algunos votos compensando con los que le quitaría el frío y las condiciones extremas de vida. Yo no pasaría más de dos meses en Islandia. De cualquier forma, Islandia tuvo tres votos, el 1o% del total.

Entre las dos últimas opciones está el país por el que yo hubiera votado. Ambos tienen niveles de vida altísimos, son países insulares y muchas más cosas que me encantan. Otra cosa a favor que tienen en común es el uso del idioma inglés, ya que pensé que si me tenía que mudar a otro país, sería mucho más divertido cambiar de idioma. Nueva Zelanda tuvo en total ocho votos, o sea el 28%. Por su parte el Reino Unido tuvo diez votos, otorgándole el título del mayor número de votos con un porcentaje del 35%.

Pero ¿cuál de estos dos países hubiera escogido yo para vivir? Es evidente que el Reino Unido suene mucho más interesante para la mayoría de gente, y no me sorprendió en absoluto que tuviera la mayor cantidad de votos. Pero alguien como yo, que vive en el trópico, no se va a aguantar un invierno tan crudo, y menos por tres meses. Por si esto fuera poco, la vida en el Reino Unido será de un costo altísimo, comparada con la vida en Colombia. Definitivamente el ganador es... NUEVA ZELANDA!

domingo, 10 de abril de 2011

Estigma del Codo

Tal vez he llegado a ser muy ritualista. Es tal vez por eso, que me han llegado a afectar tanto, las diversas reglas de etiqueta. En términos generales, procuro siempre acatarlas, con la mejor intención de dar una buena imagen. No obstante, hay una de estas reglas con la que siempre he tenido problemas y aún no logro superar: "Cuando te sientes a comer, los codos en la mesa no has de poner".

Averiguando un poco, me enteré que la famosísima regla nació de cuando las familias eran numerosas, y muchas personas se sentaban a comer en la misma mesa. Muchas veces, no había espacio suficiente para los codos, puesto que al ponerlos en la mesa, uno los tiende a abrir. Así que se estableció que los codos en la mesa no se debían colocar, con el fin de no incomodar a los de al lado, y no gastar ese espacio tan necesitado.

Sin duda, la regla fue muy adecuada en su época. Sin embargo, al pasar de los años, las familias se han reducido y menos espacio se ha requerido. Hoy en día pienso que una persona no se incomodará en una mesa por falta de movilidad en los brazos, sino por falta de movilidad en todo el cuerpo. Así que considero de mucha peor educación al que invitó a muchos a comer en una mesa pequeña, que al invitado que puso sus codos sobre la mesa .

Pienso que los codos sobre la mesa ni siquiera se ven estéticamente mal y que no hay ningún problema en ponerlos cuando hay espacio suficiente. En conclusión, se ha de pensar antes en el tamaño de la mesa que en el estigma del codo.

martes, 5 de abril de 2011

Fuera de la Ciudad

¿Quién ha estado alguna vez sobre una gran piedra, sintiendo el viento que llega suavemente? Apuesto a que, como yo, quien lo haya estado, habrá sentido una enorme paz interior, una sonrisa que no se borra, los problemas se borran durante un mágico segundo.

El martes pasado fui con mis compañeros de undécimo grado y con un par de profesores al cerro de Juaica, ubicado cerca al municipio de Tabio, en Cundinamarca. Sin duda fue una experiencia divertida, muy agradable nuestra salida. Mas no dejaron de haber ciertos detalles que lograban llevarle la contraria a aquel que dijera que fue perfecto.

He aquí mi relato. Muy emocionados por salir, mis compañeros y yo nos encontrábamos. Y como si fuera novedoso, la espera fue larga. Finalmente, al momento de subirnos al bus que nos llevaría a nuestro destino, fuimos interceptados por nuestra coordinadora de actividades. Ella quería llamarnos la atención por algo que ya sabíamos pero que se salía de nuestras manos: unos cuantos de los que se supone que irían, habían decidido no asistir al colegio, u olvidar la autorización firmada.

El problema de esto fue que, primero, la salida era de carácter pedagógico, lo que provocaba que fuese obligatoria (o tan recomendable como el acto de entrar a clase). Segundo, debido a que le salida era por fuera del perímetro urbano, se exigía una suma de dinero a cada estudiante para pagar el transporte. Eso quiere decir que cada individuo que se ausente afectaba negativamente el pago del transporte, lo que causaría un problema para el colegio.

De todas formas, todos esos asuntos quedaron pendientes de tratar pero con aquellos que se ausentaron. Ya lo que seguía era una corto viaje y la espectativa de una buena experiencia. Pasados ciertos detalles en el transporte, de los que me perdí por estar durmiendo, llegamos a nuestro destino. La panorámica era una montaña de esas que tanto solemos subir.

Los que pagaban alimentación, entre los cuales yo no me cuento, recogieron sus onces (refrigerio, merienda, en fin) y triste almuerzo. Los demás teníamos que llevar lo nuestro. Y no siendo más, la travesía comenzó.

El primer trecho era una subida por un camino de piedra bastante empinado. Por suerte para algunos (a mí me dio igual) el tracho era más bien corto. Nuestra primera parada fue en una gran piedra. Esa piedra de la que hablaba hace unos cuantos párrafos.

Ahí comenzó la parte ritual de la salida. Con una hoja de tabaco, le demostrábamos a la montaña que le dábamos nuestra gratitud por darnos tanto (espero que se sepa el qué tanto), le dábamos todo lo que le quisiéramos dar, porque las montañas que fueron de los muiscas sabían que el tabaco significaba "dar".

Y comenzó lo que para muchos fue la parte dura. He de aclarar que el lugar al que llegamos era una especie de valle, desde donde se veía nuestro real destino: la peña de Juaica.

A alguno de nuestros brillantes profesores se le ocurrió que se podía subir por un sendero que él nunca había transitado. Por suerte, el sendero terminaba donde perderse aún no era posible. Eso hizo que fuéramos por el un poco más seguro sendero conocido.

El recorrido siguiente fue bastante más largo y con una pendiente un poco más constante. Aquellos que se quejaron supieron al llegar que, como siempre había valido la pena el gran esfuerzo. Y es que a pesar de todos los típicos problemitas que pudiesen haber, llegar a la cima es gratificante, lo es.



Se iba sintiendo la hambrecilla de la una de la tarde. Ya llegaba el momento de disfrutar de mi delicioso sandwich preparado en casa, o tal vez no. Antes de que el primero de nosotros pudiese probar bocado nos recomendaron que no lo hiciéramos. La razón era que íbamos a meditar, y al parecer una barriga llena dificultaría el éxito de la meditación.

Pasó un rato de hambre, que por suerte no era descontrolada, mientras nos dispusimos a meditar. Acepto que la experiencia valió el hambre. Logré conectarme con el entorno, mis cinco sentidos, y todas las partes de mi cuerpo, hicieron parte de la montaña, y esa es una muy buena sensación.

También llegó nuestro momento de recibir algo que quisiéramos de la montaña, la hoja de coca nos lo dio, pues la montaña sabe que la hoja de coca significa "recibir"

Y para cerrar con una gran sonrisa, después de terminada la actividad, finalmente me comí mi sandwich. ¡Y qué sandwich!

Muchos notaron en su momento que el tiempo de regresar llegaba. Uno a uno fueron bajando, impulsados por la bajada que fue más grata que la subida, y por cierta amenaza de lluvia, que por cierto, no se cumplió.

No obstante, el impulso que a muchos hizo apurar no sirvió de tanto. Sucedió que tuvimos una larguísima espera para poder salir para el colegio, causada por un grupo que se atrasó y que se demoró mucho en bajar (no voy a entrar en más detalles, pero expreso que no me siento capaz de culpar a nadie).

Hubo un gran problema con esto y fue que la excursión estaba programada para que la llegada al colegio fuera antes que las rutas salieran. Debido a nuestra gran demora 19 rutas de todo el colegio terminaron saliendo una hora y quince minutos tarde. Imagino que en el colegio, los estudiantes de los demás cursos nos estaban cosechando cierto rencor. En su momento me sentí apenado, y a la vez afortunado porque prefería mil y una veces mi posición que la del resto.

Para cerrar mi relato, me gustaría anotar que nunca las cosas van a salir como el ideal. Sin embargo, mientras se disfrute el momento, los problemas pierden importancia.